Sobre Mí

Sobre Mí

Trende y YO

Pruebo las cosas antes de que inviertas tu dinero, y te digo si valen la pena; tengo una manía de compartir mis experiencias de madre primeriza y me gusta beber y comer... ¡mucho!

Carolina Guisande Muvdi

notasupermom

NO soy una súper mamá

No soy una súper mamá, al menos no me siento así, pero veo muchas madres que sí lo son, o parecen serlo.

Por un lado están las que se entregan tanto a sus hijos que se dejan perder, están tan involucradas en la vida de ellos que han perdido su identidad total y sus conversaciones tanto reales, como las que presentan en las redes sociales se enfocan únicamente en actualizaciones de la nueva hazaña de su bebé, o niño, aunque la hazaña sea una totalmente normal para uno que se esté desarrollando a esa edad. Son orgánicas 100%, todo producto no orgánico causa cáncer, y las madres incapaces de dar el seno o ser parte de alguna organización que lo promueva ha condenado a su hijo a una vida miserable, sin lazo materno alguno  y con posibles problemas de desarrollo, salud e inteligencia.

Por el otro lado, veo a las que son exactamente como las que describí más arriba, pero también sacan también para trabajar, andar vestidas como modelos de Valentino, con cuerpos como las modelos de Victoria’s Secret, listas para atender a sus esposos como actrices porno, y con tiempo para actividades extracurriculares, como Cross Fit. Aquí los temas de conversación varían y en las redes se ve desplegada una vida que solo puede causar ansiedad en alguien que no pueda lograr todas esas hazañas en un día.

También están las que viven la vida descrita en la segunda categoría, pero han dejado la crianza de sus hijos casi totalmente relegada en otros, y continúan, al parecer, porque creo que es imposible, como si nunca hubieran parido.

Yo estoy en una categoría que no veo por parte, y estoy todavía en el medio de la nada tratando de entender como por 37 años hice practicamente lo que me dió la gana y pensé solo en mí; y ahora tengo responsabilidades que nunca imaginé, sin contar que también debo sacar tiempo para trabajar, para descansar y hasta para escribir este artículo (tengo la ventana abierta hace más de tres semanas).

De verdad las admiro, a las madres abnegadas, que simplemente saben automáticamente qué hacer y se entregan sin pensar en ellas, y a aquellas que lo han podido hacer todo, como si fueran Beyoncé, pero sin los asistentes personales.

Simplemente me siento como un ser humano al que Dios y las condiciones biológicas adecuadas le dieron la oportunidad de traer un ser humano al mundo. No sé si lo estoy haciendo bien o mal, no me siento en posición de dar ningún consejo concreto porque creo que cada persona tiene su estilo y nadie tiene derecho a ser la autoridad.

Nadie puede querer a su hijo más que su propia madre (a menos que se tenga alguna deficiencia mental), por lo menos de eso estoy segura, y de alguna forma eso te tiene que equipar para hacer algo bien, para dejar una semillita de amor en el corazón de ese ser del cual eres responsable, que lo haga una mejor persona, una mejor versión de ti misma.

De otra cosa también estoy segura, no se puede sola, se necesita ayuda. Hay que agradecerla y recibirla con brazos abiertos, aunque esa ayuda provenga de una persona a la que le tengas que pagar mensualmente pero que quiere a tu hijo como si fuera de ella y se ha vuelto parte de tu familia; tu madre que aunque nunca terminen de llevarse bien ha sabido rescatarte para que puedas dormir por lo menos dos horas y te complacido en todo; tu esposo, que aunque no esté en cambiar pañales te resuelva un trabajo en la computadora para que puedas ocuparte de otra cosa; o tu mejor amiga, que aunque dice que los niños no son su norte, es la madrina más dulce del mundo.

Entonces, como dije, no soy una súper mamá, como las que se ven en las películas, en las revistas y en cientos de blogs. Soy un ser humano que está tratando de averiguar cómo hacerlo todos los días (gracias especiales a Google y Kindle, no es payola).

Pero sí quiero pensar que estoy haciendo todo lo que es humanamente posible para darle lo mejor a mi hijo, no material, si no emocional. Quiero pensar que lo dejaré con algunas herramientas para tratar de encontrar la elusiva felicidad, y con el sentimiento de que no tengo una serie de expectativas que debe llenar para yo quererlo. Siempre que se caiga, estaré ahí para levantarlo.

Entonces, de nuevo mi inquietud: ¿lo estoy haciendo bien? Ni idea. Sólo se que te amo Liam y que la vida nos llevará por caminos que todavía no vislumbramos (tú menos), pero juntos lo vamos a lograr.

¿Y tú, cómo te sientes al respecto?

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